La cámara y la experiencia

cámaraLa cámara y la experiencia

¿A qué sabe el sol? fue la pregunta que un niño le hizo a su maestra en medio de la clase mientras ella le daba a probar diferentes frutas y especias para que el niño desarrolle su sentido del gusto, un sentido que le permitirá junto al oído y al tacto poder desarrollarse en un mundo que le impidió ver con sus propios ojos, la sorprendida maestra en ese momento no supo cómo contestar la pregunta, al rato decidió sacarlo del salón y llevarlo al techo del colegio, le pidió el niño que extendiera sus manos y que abriera su boca y sacara la lengua, le preguntó: dime tú ahora ¿a qué sabe el sol? y él respondió que sabía muy bien y que era calientito.

La cámara y la experiencia necesareas en el aprendizaje

El descubrir y el experimentar es algo básico y esencial para la supervivencia del ser humano y el hecho ser un no vidente no le limita a una persona esa posibilidad sino que al contrario la multiplica, es muchas veces la sociedad quien no le da la oportunidad de llevar una vida “normal“.
Cuando escuché esa historia me pregunté ¿Qué pasaría si los no videntes aprendieran a tomar fotografías?, ¿es eso posible? la respuesta es sencilla: en el mundo ya existen muchos fotógrafos que son ciegos, woow eso me motiva y mi cabeza empieza a dar vueltas.
Alberto Sierra, guatemalteco perdió la vista cuando tenía 22 años y eso no le impidió ser un fotógrafo reconocido y cómo él dice tal vez nunca ve sus fotografías pero si las siente. La fotografía es más que una profesión es más bien un liberador del alma, nos ayuda a apreciar el mundo y a motivarnos por conocerlo, nos permite ser agradecidos con lo que está a nuestro alrededor tanto así que lo queremos capturar con nuestra cámara.

La soledad del fotografo

¿Qué pasaría si los fotógrafos compartiéramos nuestra pasión por tomar fotografías con los demás? la pasión no solo las fotos ¿Qué pasaría si usáramos la fotografía como un medio para dar esperanza y un camino a la gente que cree que no la tiene? He podido ver frente a mi a miles de alumnos aprendiendo a lo largo de mi carrera y de las cosas que más he amado es poder llevar la fotografía a poblados indígenas distantes, incluso aunque no hablemos el mismo idioma, a cárceles de máxima seguridad, a barrios pobres y a ciegos. ¡La fotografía puede cambiar vidas! eso pude comprobarlo cuando conocí a Sandy Puc con su proyecto de tomarle fotografías a niños que murieron al nacer, ella entra al hospital se dirige a la habitación y le regala una sesión fotográfica a los papás con su bebecito muerto en brazos, suena terrible pero eso ha ayudado a muchas familias a tener un recuerdo y a sanar de una mejor forma esa pérdida.
Mi gran amigo Gustavo Valle dio un taller de fotografía a niños con síndrome de Down, es maravilloso.
Para poder enseñar fotografía a ciegos empecé a conocer mi cámara primero, pero con los ojos vendados, a saber interpretar los sonidos que hace pero sobre todo me di cuenta de la importancia de la conexión que debe existir con mi entorno.
A los ciegos se les puede enseñar a usar la cámara en modo manual, con enfoque manual incluso si pones los números en el sistema Braille para que ellos lo puedan leer y si no en modo automático. Lo cierto es que lo más importante para ellos no es el tomar la fotografía si no encontrar una excusa para romper el hielo y comunicarse con los demás.
La experiencia para uno como fotógrafo es maravillosa pero estoy seguro que lo es más para ellos y nada se puede comparar al momento donde se muestran las fotografías en una exposición, ponemos al fotógrafo justo a la par de la fotografía colgada y le pedimos a la gente que cuando se acerque a verla le diga al fotógrafo lo que ve, eso fue inspirado en la película Amelie si la vieron sabrán a qué me refiero.
Es hermoso cómo podemos dar luz con la fotografía, invito a todos a reflexionar de cómo podemos ayudar a los demás, inspirar, dar un sentido de vida y quién quita una profesión. Un fuerte abrazo a todos.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.